Entrevista a Román Gubern

Educa tu Mirada ha tenido el privilegio de entrevistar a Román Gubern, catedrático de comunicación audiovisual, guionista de cine y televisión y escritor de libros de índole audiovisual como Historia del cine (Danae, 1969), Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto (Anagrama, 1996), La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas (Anagrama, 2005) o Cultura audiovisual (Cátedra, 2013), entre muchos otros.

¿Qué es el cine para usted?

El cine es la representación de la imagen en movimiento sobre una superficie.

¿Cree que el mejor cine en la actualidad, tal y como se dice, se hace en la televisión?

Hay una cronología en la historia de la imagen en movimiento que empieza ya con los egipcios. Hay una prehistoria sobre el tema. La televisión es un sistema audiovisual electrónico. Desde la aparición de la televisión por cable y de pago ha habido una ruptura, un cambio de paradigma, y han aparecido series de televisión de gran calidad: “Los Soprano”, “Juego de Tronos”, “The walking dead”, etc. Hay quien opina que la vanguardia creativa audiovisual está hoy día en la televisión antes que en el cine. Es una opinión respetable. Y esto pasa porque la televisión de pago crea una audiencia más elitista y más cultivada, en general, que le exije más a la televisión porque paga. Cuando comparas esto con los seriales de los años 50 y 60 no tiene nada que ver, son dos universos distintos. Y luego gran parte del mérito viene de los guionistas. La televisión dialoga con el cine porque a veces hay contaminaciones del cine a la televisión y de la televisión al cine.

¿Qué papel juega el guion en el cine?                                                                                        

El cine es un espectáculo audiovisual. La semilla originaria es el guion. Cuando un guion es un mal guion es un mal guion siempre. Lo puedes maquillar, le puedes poner colorete, pero un mal guion no tiene remedio. El guion es la semilla fundacional, pero una película es una puesta en escena. Si la puesta en escena no está bien, si los actores no están bien, se arruina el mejor guion del mundo. El guionista ha de pensar en términos de imagen y sonido, no puede ser novelista. El guionista tiene un lenguaje propio, autónomo. Dostoievski, Tolstoi y Balzac serán siempre genios monumentales de la literatura. Tienen un mundo propio. Por eso a veces la película te cae por los suelos en comparación a la obra escrita que la precede. Es imposible superar la novela “Guerra y Paz” por muy bueno que sea el director. “Guerra y paz” es una obra maestra en su ámbito, y luego habrán obras maestras más dignas, menos dignas, más afortunadas o menos, pero ninguna superará la obra original literaria. En cambio, el guionista de cine profesional es otra cosa, conoce los trucos del oficio y sabe lo que es un golpe de efecto, un bache, una sorpresa. Pensemos en Hitchcock, a parte de ser un gran director de cine, sus películas tenían guiones excelentes. Por tanto, una cosa es el guión y otra cosa es el estadio del paso del guion a la puesta en escena. La puesta en escena tiene sus reglas y culmina en un montaje u edición, antes era el montaje con la moviola, ahora es edición digital. Cuando yo era joven se nos decía que las montadoras solían ser mujeres porque eran como costureras, porque cosían la película y tenían una manualidad más fina que el hombre. Y antes de eso, las que coloreaban los fotogramas del cine mudo eran también mujeres, en el cine de los orígenes. Tenían talleres de pintoras que pintaban las imágenes. Cuando uno habla de puesta en escena engloba también una preconcepción del montaje, eso está incluido en la puesta en escena. El montaje forma parte del diseño de la puesta en escena. Y eso no ocurre con el novelista, que puede hacer un esquema de su novela, luego sigue o no sigue el esquema; en cambio, el cineasta tiene que tener un esquema de la puesta en escena y de la película concluida, incluido el propio montaje final, que es definitivo. Hay películas que han sido una ruina por un mal montaje. Y hay películas que se han salvado porque a venido un buen montador y ha sido capaz de ensamblar las piezas con inteligencia cambiando a veces la idea original para mejorar la película. Hay montadores que tienen fama de ser salvadores de películas en la historia del cine.

¿Cómo ve la situación actual del lenguaje cinematográfico? ¿Es optimista o pesimista?

La imagen en movimiento ha cambiado mucho. Uno de los mercados más rentables ha sido el de los videojuegos. El cine nace con Edison y con Lumière y hoy día está en diferentes soportes y pantallas, desde el teléfono móvil al televisor, pasando por el Imax envolvente. Si hay una edad de oro de las series televisivas es porque empezaron siendo muy infantiles y muy primarias y muy torpes, pero con la televisión de pago han evolucionado a un estadio adulto, al punto que hay quien opina que la vanguardia audiovisual está en las series televisivas y que el cine va a la zaga. Yo no lo creo porque en el cine todavía hay autores muy sofisticados que se prodigan poco, en el cine japonés, en el cine filipino, en el cine ruso, en el cine sueco, en el cine alemán. Hay autores como Michael Haneke, un maestro como la copa de un pino; David Lynch, que ha alternado cine y televisión, que merece un monumento como una catedral; Lars Von Trier, ha tenido baches, pero tiene algunas cosas maravillosas como “Melancolía”, una obra maestra absoluta. Hoy en día, hay directores de un grandísimo nivel. En España, tenemos a directores como Víctor Erice, que está en activo y es un grandísimo director. De hecho, hay un panteón de grandes cineastas. Los que somos cinéfilos tenemos el nuestro. Para mí, por ejemplo, David Lynch sería uno de los que estaría en la parte alta. Lo que ocurre es que, claro, la mayoría son mediocres en comparación a los genios. O son artesanos correctos que hacen películas correctas, que las ves y dices “no está mal”, “está bien hecha”, “me ha entretenido”. Son artesanos, que aprovechan las ventajas de la cámara digital. Por delante del artesano está el maestro, donde estarían estos nombres.

¿Qué opina del cine en tres dimensiones?

El relieve en el cine en la actualidad, pienso en Avatar, por ejemplo, todavía es muy imperfecto porque la imagen móvil en relieve sólo se consigue con el holograma. La lente del cristalino se dilata y se contrae para acomodarse a las distancias; sin embargo, en la sala de cine la distancia del ojo respecto a la pantalla siempre es la misma. En cambio, el holograma es una escultura de luz, que cumple todas las condiciones fisiológicas de la visión de relieve. Lo que ocurre es que la imagen del holograma es difícil de manejar, es complicado, muy complejo. Se han hecho experiencias en Japón, peliculitas de veinte minutos, quince minutos, pero el holograma es la imagen en movimiento auténtica que duplica las funciones fisiológicas de la visión humana. Aún tardará un poco en comercializarse.

¿Casi como si fuera una sustitución de lo real?

Sí, un doble de lo real, exactamente.

¿Qué opina del cine documental?

El cine es una simulación, un artificio, tanto el cine de ficción como el cine documental. El documental también es un artificio. “Nanuk, el esquimal” está todo compuesto, hay una puesta en escena, y en “Las hurdes, tierra sin pan”, también. Buñuel hizo un par de viajes previos a Las Hurdes, tomó notas, etc, pero todo está puesto en escena y aquel niño que parece muerto no está muerto, está dormido, aquel que le meten en el río. Por tanto, el cine es un artificio y como artificio que es, pues al principio, el cine sólo es imagen, luego imagen y sonido, luego surge el doblaje también, que curiosamente sólo se mantiene en España, Alemania e Italia, donde fue impulsado por sus respectivos dictadores.

¿Qué le parece el asentamiento de las multisalas o el impacto que ha supuesto Internet a la hora de ver y de consumir el cine?

Yo he crecido en mi infancia y juventud en las salas de cine, y a veces veo películas en Internet como todo el mudo, pero no es lo mismo ver una película en una pantalla grande que en una pantalla pequeña. No es lo mismo. Yo me imagino ver “2001: una Odisea del espacio” en un teléfono celular y claro es un cambio revolucionario. Los minicines son la fórmula comercial útil porque un proyeccionista atiende seis salas y, además, si una película va mal y la otra va bien pues compensa. La fórmula del minicine es una fórmula comercial razonable que yo entiendo muy bien. Lo que ocurre es que a mí no me molesta ver una película de Woody Allen en minicine, no me molesta, pero a “2001” le pido una pantalla grande, o “Mad Max” o “Gladiator”. Esas películas te piden pantalla grande. Si no hay más remedio, pues la ves en la pantalla del ordenador. Mejor eso que nada.

Algunos creen que el museo es el espacio al que va a quedar reducido el cine a causa de la baja calidad del cine comercial. Y estos mismos teóricos creen que lo más bello y auténtico, a día de hoy, se encuentra en el cine amateur, en el cine low cost o en el videoarte. ¿Qué piensa usted al respecto?

Hoy día hay que hablar del audiovisual, que tiene muchas provincias, desde los videojuegos al videoarte, pasando por las series televisivas y las películas para salas, los videoclips musicales, el porno, etc. Esta tendencia que nombras sólo tiene en cuenta al invento de los Lumière, pero hoy día hay que hablar del audiovisual, no sólo del cine. Por ejemplo, en el caso de los videoclips musicales hay canales de televisión, como Mtv, especializados, que como formato han absorbido los estilemas de las vanguardias: el montaje rápido, el salto de eje, el salto de raccord. Como si hubieran heredado el estilo de “Un perro andaluz” al servicio del comercio y de las ventas. Lo han prostituido. Pero la herencia de las vanguardias soviéticas de los años 20, de Eisenstein, del surrealismo de Buñuel, está en los videoclips musicales, donde todo ese estilo está banalizado pero está ahí. El audiovisual tiene muchas patas, pasando por el cine experimental, por José Luis Guerin, “Tren de sombras” es una obra maestra absoluta. Hay un libro famoso de los años 70 “Expanded Cinema”, de Gene Youngblood, que considera que toda imagen en movimiento es cine, incluyendo el videoarte. Estaríamos hablando de Bill Viola, que es un maestro, Muntadas, otro maestro. O sea que hoy día el audiovisual es un río con muchos afluentes, y cada uno tiene su especificidad.

¿Cree que se ha dado un cambio sustancial en la evolución del lenguaje cinematográfico en nuestros días? ¿Hay algún autor que haya implicado un progreso claro en la indagación sobre el lenguaje del cine?

David Lynch podía ser uno de ellos. Y es curioso porque la gente lo asocia con Buñuel y recuerdo una entrevista suya en que dijo que se lo habían dicho muchas veces, pero que todavía tenía que ver sus películas. Es curioso porque hay una corriente artística americana que nace como una flor, de forma espontánea, sin demasiada conciencia, como el movimiento hippie, que eran creadores sin saberlo y David Lynch pertenece a esta familia, una corriente que sin haber leído “Alicia en el país de las maravillas” es continuadora del mundo de Lewis Carroll. Por eso creo que es de los más innovadores.

Román Gubern colabora en la formación a distancia (online) de Historia del cine, de Educa tu Mirada.

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